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miércoles, 8 de marzo de 2017

Querémosnos vives.

Alcuérdome del ruxíu de les máquines
trabayando ensín parar,
como nós

alcuérdome del dolor
que sentíen les manes
de toes aquelles muyeres,

eses manes que dempués
cuidaben de los sos fíos
que-yos texíen suaños
que-yos alimentaben

eses que ficieron hestoria

alcuérdome del soníu de los homes
atrancando puertes
atrancando vides

alcuérdome entós de la sangre
corriendo poles venes
pola piel
pola cai,

alcuérdome de toes aquelles muyeres
que morrieron por nós
de toes aquelles
que puxaron pol futuro
pol nuesu,

Nós somos les fíes y les nietes
de toles que llucharon
que entá lluchen
polos nuesos derechos
pola igualdá
pola llibertá
pola vida,

alcuérdome de toes les muyeres
qu'antes y agora
ficiéronme creer en mi mesma
igual y llibre.





miércoles, 28 de diciembre de 2016

Oxalá

Desearía que me falaras de ti
de mi
de toos
de naide

que los tos güeyos color tierra
miráranme de la mesma manera
que mires la mar
cómplice
de los tos pensamientos
de las tos alcordances

que los tos güeyos color galerna
miráranme cola revolución
que lleves dientro
puxando por nós
ensín pena y decepción

Prestaríame tar ellí
vete caminar pela sablera
col ruxíu dalgún mar llonxanu
que moyara les tos güelgues

vete llibre
firme
independiente
fuerte
lluchadora

ensín preocupate
ensín mieu
entá viva

Desearía nun sentir falar más
de opresión
violencia
y muerte

desearía sentir falar
de cambiu
igualdá
y vida


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Otra vez otoño.

Volvían las nubes
con lluvia
a empapar los cristales

desnuda
recostada sobre la cama
me daba la espalda
elegante e inocente
y nada -me- importaba,

tan solo ella.

Las sábanas recortaban
su figura,
suave y regia,
cálida,
majestuosa

Mis dedos indecisos
se dejaron llevar por su cintura,
tranquilos, mis labios
buscaron aquel sabor salado
que traía consigo

ese que nunca permitía
que perdiera el norte,
pues ella
es mi norte. 


viernes, 8 de julio de 2016

Desgarros de despedida.

Todas las mañanas te despiertas
con el pelo
enredado en sueños
o quizá
son los sueños
los que te atrapan
entre las sábanas de mi cama.

Te miro,
tranquila,
esperando que esta vez
-aún con los ojos cerrados-
decidas volverme a comer
y a arañar
mis labios
y a morder
mi piel.

Que al menos la cerveza de mañana
no se beba en vaso roto,
basta con que nuestras palabras
se las lleve el camarero.

Me llevarás por las calles oscuras
que escondes en tus pupilas
y -como cada sábado noche-
nos perderemos por los bares
de Vetusta

y el domingo
-como cada vida-
acabaremos en San Lorenzo
para que me reabras
las heridas,
desgarres
la despedida
y beses
aquel adiós
que nos mece
la mar.

viernes, 6 de mayo de 2016

Ochocientos kilómetros, N'asturianu

Recoyístite'l pelu y yo aprendí a interpretate. Dexasti la espalda desnuda, desprovista d'armes, como a mi la primer nueche. Agora'l sol ambura mientres la sablera relluma sobre la to piel.

El calor del branu quemaba. 
                                             Quemabes.
                                                               Quemábesme per dientro cola mirada. 

Ríes al son de la mar
                                 y rompíes como ruempen les foles na vera.
                                                                                                     Rompíesme tamién a mi colos tus afalagos.

Movíeste al ritmu impuestu pol vientu de llevante, 
                                                                                   pero yo soi la mar n'aselu.


Me manques.

Máncanme les tos maníes, 
máncanme las tos miraes,
máncame la to risa,
máncame la to piel,
esa que baña agora la lluvia
a ochocientos kilómetros de llevante.

Me manques,
máncanme
los tos ochocientos kilómetros
y máncame
                   la to ausencia.

martes, 22 de marzo de 2016

El mio país.

El mio país
ye'l verde de los sos güeyos,
esi nel que crecen montes


tan altos como les sos piernes.

El mio país
ye la borrina que m'atrapa,
cada nueche,
entre les sábenes de la so cama.

El mio país
ye la lluvia que resuena
nes sableres de la so sorrisa.

El mio país
ye la galerna que guarda,
bien adientro,
corriendo poles sos venes.

El mio país
ye la seronda del so pelo,
marrón,
como les fueyes
que mueve na so alma.

El mio país
ye ella,
sabor a mar
a tierra verde,
a fríu azul.

lunes, 11 de enero de 2016

Ochocientos kilómetros.

Te habías recogido el pelo y yo había aprendido a interpretarte. Dejaste la espalda desnuda, desprovista de armas, como a mi la primera noche. Ahora el sol arde mientras la arena brilla sobre tu piel. 

El calor del verano quemaba. 
                                             Quemabas. 
                                                                Me quemabas por dentro con la mirada. 

Reías al compás de la mar 
                                         y rompías como rompen las olas en la orilla. 
                                                                                                          Me rompías también a mi 
                con tus caricias. 

Te movías al ritmo impuesto por el viento de levante, 
                                                                              pero yo soy el mar en calma. 


Me mancas.

Me mancan tus manías,
me mancan tus miradas,
me manca tu risa,
me manca tu piel,
esa que baña ahora la lluvia
a ochocientos kilómetros de levante.

Me mancas,
me mancan
tus ochocientos kilómetros
y me manca

                     tu ausencia. 



sábado, 17 de octubre de 2015

Vengo del Norte.

                                                       Vengo del Norte,
                                                       de donde las sirenas siguen llamando a Ulises,
                                                       de donde los recuerdos se borran con la lluvia,
                                                      de donde los destinos se reman con los brazos muy abiertos.
Aurelio González Ovies. 

Hay que ser mar
para llorar por dentro
e inundar el océano
que rebasa tu cuerpo.

Un mar embravecido
que, con calma,
rompa en las costas,
como las galernas
se alzan sobre los espigones
de nuestros huesos.

Hay que ser mar
para luego ser tierra,
ser el verde de las montañas
que vean tus ojos
y me muevan como el aire
que corta mis cimas.

Hay que ser mar
para llover en diagonal
y mojar la tierra que fuimos.
Provocar el olor a humedad
para que se quede por fin
en tu pelo.

Hay que ser mar
para llegar a tierra firme,
llorar y llover
y volver
al mar,
al Mar del Norte.

lunes, 8 de junio de 2015

Historias de arena.

Al besar su piel sólo podía recordar
el mar tranquilo
rompiendo
-lentamente-
en sus playas.

La brisa norteña remueve su cabello
y ella teje sueños
-rotos-
con la arena que se escapa
fugazmente
entre sus dedos.

El agua moja sus pies,
los hunde entre historias
-abandonadas-
en el fondo del mar.

Va y viene,
continuamente,
mientras sube la marea.

Él se ahogaba en sueños,
ahora intenta escapar
-y no puede-
de ese mar
que otros ojos encierran.

martes, 15 de julio de 2014

Idus de Julio.

"Solo números" se decía ella
para fingir que el dolor
no le quemaba tanto
como lo hacían aquellos labios.

"Solo un nombre" se repetía
cada vez que lo escuchaba
resonar en el silencio.

Como aliados y como amantes
habían pactado su gloria
con insidias y besos;

habían cruzado el límite,
su propio Rubicón,
declarando la guerra en la cama.

Les gustaba componer literatura corpo-oral
a gritos desde debajo de las sábanas
para dejar constancia de sus batallas.

                        Idus de Julio MMXIV
no hay vencedor,
solo una cama de batalla vacía.

martes, 20 de mayo de 2014

Tormenta sin verano.

Piedras Blancas. Andrea Álvarez Iglesias
Caminabas -tranquilo- bajo la tormenta
que comenzaba en tus ojos
y terminaba en alta mar.

Coloreabas de gris el lugar de donde vengo,
aquel pueblo costero en el que
las tormentas de verano
llegan sin él;
donde la mar golpea las rocas,
las baña
y nos empapa.

Tus ojos a veces eran verdes
-ya no estás-
y otras azules
     -no estás.

Con un pincel dibujo
huellas en mis calles de arena,
-para que no vengas-
y una sonrisa en el aire
-para que al fin
me encuentres-. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Otoño en primavera.

Cualquier lugar es bueno
para vivir el futuro
y hacer pasado.

Que aunque sea primavera,
me gusta el color del otoño
que tienen tus ojos
y el frío que esconden tus gestos
cuando nos vemos.

Hay un quizá que quiere ser verdad,
y hay un muro que se resquebraja
cuando te miro
y se derrumba
cuando te cruzas.

Cualquier terraza es buena
para negarse a apartar(te) la mirada.


miércoles, 5 de marzo de 2014

(No) Todos los caminos llevan a Roma.

Recorrí todos los caminos
y me empapé del blanco mármol
que recubre las columnas,
del pestañear
de las lámparas de aceite,
y del incienso.

Esculpí con la mirada
las figuras que ahora
adornan los templos.

Imploré a los -difuntos- olímpicos,
en lenguas que ni ellos recuerdan,
mil caminos para salir de Roma.


Recorrí tus caminos
y me perdí.

Me perdí en tu piel arenosa,
en tus volcánicos ojos
y en tu olor a mar.

Modelé a besos y a mordiscos
el locus amoenus de tus labios.

Imploré a los -difuntos- olímpicos,
en una lengua que ya no conocen,
mil caminos para (no) salir de Roma.

sábado, 18 de enero de 2014

Re-encuentro.

Sin creer en casualidades,
con dos tazas de café
me siento en una mesa
para tres.

No espero a nadie
y Nadie espera
que aparezcas.

Miles de miradas
cruzan en unos segundos
las calles deshabitadas
de los iris de mis ojos,

y aquella se detuvo
en la veta más oscura;
en un callejón sin salida
que termina en los tuyos.

No sé qué tenía,
pero predecía el futuro
y vio, en silencio,
un (re)encuentro,
a diez centímetros
de su cuerpo.


miércoles, 1 de enero de 2014

Malas costumbres.

Tengo la mala costumbre
de evitar los colores
de aquellos ojos
de quien me habla
una vez a la semana;
de buscarlos entre cientos
de suspiros,
algunas veces
hasta encontrarlos
y la mayoría
hasta perderlos.

Y cuando llegan, sin avisar,
sé que son norte,
y no son ni sur,
ni este,
ni oeste,
aunque lleve un rato
-toda mi vida-
 perdida.

Es por eso que no dicen nada,
y así encontrarme sin querer(te).


martes, 19 de noviembre de 2013

Puedo decir y lo confieso.

Puedo decir que sentí miedo
la primera vez que te vi
sentado al otro lado del pasillo.

Y sentí más
cuando te miré y descubrí
que tú ya me llevabas ventaja.

Sentí miedo
desde que desapareciste,
como haces siempre.

Y sentí más
cuando me volví a cruzar
contigo.

Aparece
porque tú estás tranquilo
si me miras.

Y me envuelve
cuando me miras tranquilo
mientras te miro.