Desearía que me falaras de ti
de mi
de toos
de naide
que los tos güeyos color tierra
miráranme de la mesma manera
que mires la mar
cómplice
de los tos pensamientos
de las tos alcordances
que los tos güeyos color galerna
miráranme cola revolución
que lleves dientro
puxando por nós
ensín pena y decepción
Prestaríame tar ellí
vete caminar pela sablera
col ruxíu dalgún mar llonxanu
que moyara les tos güelgues
vete llibre
firme
independiente
fuerte
lluchadora
ensín preocupate
ensín mieu
entá viva
Desearía nun sentir falar más
de opresión
violencia
y muerte
desearía sentir falar
de cambiu
igualdá
y vida
miércoles, 28 de diciembre de 2016
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Otra vez otoño.
Volvían las
nubes
con lluvia
a empapar
los cristales
desnuda
recostada
sobre la cama
me daba la
espalda
elegante e
inocente
y nada -me-
importaba,
tan solo
ella.
Las sábanas
recortaban
su figura,
suave y
regia,
cálida,
majestuosa
Mis dedos indecisos
se dejaron
llevar por su cintura,
tranquilos,
mis labios
buscaron aquel sabor salado
que
traía consigo
ese que nunca
permitía
que perdiera
el norte,
pues ella
es mi norte.
viernes, 8 de julio de 2016
Desgarros de despedida.
Todas las mañanas te despiertas
con el pelo
enredado en sueños
o quizá
son los sueños
los que te atrapan
entre las sábanas de mi cama.
Te miro,
tranquila,
esperando que esta vez
-aún con los ojos cerrados-
decidas volverme a comer
y a arañar
mis labios
y a morder
mi piel.
Que al menos la cerveza de mañana
no se beba en vaso roto,
basta con que nuestras palabras
se las lleve el camarero.
Me llevarás por las calles oscuras
que escondes en tus pupilas
y -como cada sábado noche-
nos perderemos por los bares
de Vetusta
y el domingo
-como cada vida-
acabaremos en San Lorenzo
para que me reabras
las heridas,
desgarres
la despedida
y beses
aquel adiós
que nos mece
la mar.
con el pelo
enredado en sueños
o quizá
son los sueños
los que te atrapan
entre las sábanas de mi cama.
Te miro,
tranquila,
esperando que esta vez
-aún con los ojos cerrados-
decidas volverme a comer
y a arañar
mis labios
y a morder
mi piel.
Que al menos la cerveza de mañana
no se beba en vaso roto,
basta con que nuestras palabras
se las lleve el camarero.
Me llevarás por las calles oscuras
que escondes en tus pupilas
y -como cada sábado noche-
nos perderemos por los bares
de Vetusta
y el domingo
-como cada vida-
acabaremos en San Lorenzo
para que me reabras
las heridas,
desgarres
la despedida
y beses
aquel adiós
que nos mece
la mar.
viernes, 6 de mayo de 2016
Ochocientos kilómetros, N'asturianu
Recoyístite'l pelu y yo aprendí a interpretate. Dexasti la espalda desnuda, desprovista d'armes, como a mi la primer nueche. Agora'l sol ambura mientres la sablera relluma sobre la to piel.
El calor del branu quemaba.
Quemabes.
Quemábesme per dientro cola mirada.
Ríes al son de la mar
y rompíes como ruempen les foles na vera.
Rompíesme tamién a mi colos tus afalagos.
Movíeste al ritmu impuestu pol vientu de llevante,
pero yo soi la mar n'aselu.
Me manques.
Máncanme les tos maníes,
máncanme las tos miraes,
máncame la to risa,
máncame la to piel,
esa que baña agora la lluvia
a ochocientos kilómetros de llevante.
Me manques,
máncanme
los tos ochocientos kilómetros
y máncame
la to ausencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

