martes, 15 de julio de 2014

Idus de Julio.

"Solo números" se decía ella
para fingir que el dolor
no le quemaba tanto
como lo hacían aquellos labios.

"Solo un nombre" se repetía
cada vez que lo escuchaba
resonar en el silencio.

Como aliados y como amantes
habían pactado su gloria
con insidias y besos;

habían cruzado el límite,
su propio Rubicón,
declarando la guerra en la cama.

Les gustaba componer literatura corpo-oral
a gritos desde debajo de las sábanas
para dejar constancia de sus batallas.

                        Idus de Julio MMXIV
no hay vencedor,
solo una cama de batalla vacía.

martes, 20 de mayo de 2014

Tormenta sin verano.

Piedras Blancas. Andrea Álvarez Iglesias
Caminabas -tranquilo- bajo la tormenta
que comenzaba en tus ojos
y terminaba en alta mar.

Coloreabas de gris el lugar de donde vengo,
aquel pueblo costero en el que
las tormentas de verano
llegan sin él;
donde la mar golpea las rocas,
las baña
y nos empapa.

Tus ojos a veces eran verdes
-ya no estás-
y otras azules
     -no estás.

Con un pincel dibujo
huellas en mis calles de arena,
-para que no vengas-
y una sonrisa en el aire
-para que al fin
me encuentres-. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Otoño en primavera.

Cualquier lugar es bueno
para vivir el futuro
y hacer pasado.

Que aunque sea primavera,
me gusta el color del otoño
que tienen tus ojos
y el frío que esconden tus gestos
cuando nos vemos.

Hay un quizá que quiere ser verdad,
y hay un muro que se resquebraja
cuando te miro
y se derrumba
cuando te cruzas.

Cualquier terraza es buena
para negarse a apartar(te) la mirada.


miércoles, 5 de marzo de 2014

(No) Todos los caminos llevan a Roma.

Recorrí todos los caminos
y me empapé del blanco mármol
que recubre las columnas,
del pestañear
de las lámparas de aceite,
y del incienso.

Esculpí con la mirada
las figuras que ahora
adornan los templos.

Imploré a los -difuntos- olímpicos,
en lenguas que ni ellos recuerdan,
mil caminos para salir de Roma.


Recorrí tus caminos
y me perdí.

Me perdí en tu piel arenosa,
en tus volcánicos ojos
y en tu olor a mar.

Modelé a besos y a mordiscos
el locus amoenus de tus labios.

Imploré a los -difuntos- olímpicos,
en una lengua que ya no conocen,
mil caminos para (no) salir de Roma.